Mirólab incorpora DRAKARIAN, una tecnología de octoradiofrecuencia profunda orientada al tratamiento de la grasa visceral, un tipo de grasa que no siempre se ve, pero que puede tener un impacto importante en la salud metabólica, hormonal y cardiovascular.
Con esta incorporación, Mirólab da un paso más en su apuesta por la salud funcional, la longevidad activa y el acompañamiento personalizado. El objetivo no es únicamente mejorar la composición corporal desde una mirada estética, sino ayudar a cada persona a comprender mejor qué ocurre dentro de su cuerpo y actuar con más precisión.
La grasa visceral es aquella que se acumula alrededor de los órganos internos. A diferencia de la grasa subcutánea, que se encuentra bajo la piel y es más visible, la grasa visceral puede estar relacionada con alteraciones metabólicas, inflamación de bajo grado, resistencia a la insulina, cambios hormonales y mayor riesgo cardiovascular.
Por eso, reducirla requiere una mirada más completa que vaya más allá del peso o del perímetro abdominal. En Mirólab, este abordaje se integra dentro de una estrategia global que puede combinar valoración inicial, actividad física, entrenamiento personalizado, nutrición, hábitos saludables y seguimiento profesional.
DRAKARIAN funciona mediante octoradiofrecuencia profunda, una tecnología que genera energía térmica controlada en las capas internas del tejido abdominal. Esta estimulación busca activar procesos metabólicos locales, favorecer la circulación, mejorar la movilización lipídica y contribuir al trabajo sobre la grasa abdominal profunda.
Se trata de una herramienta no invasiva, aplicada siempre bajo supervisión profesional, que puede formar parte de un plan individualizado según el perfil, los objetivos y el punto de partida de cada persona. No es una solución milagrosa ni sustituye el entrenamiento, la alimentación o los hábitos saludables, pero sí puede ser un apoyo tecnológico muy valioso dentro de un proceso bien orientado.
Esta tecnología puede ser especialmente interesante para personas con acumulación abdominal progresiva, mujeres en etapas de cambio hormonal como la perimenopausia o la menopausia, personas con estrés crónico o alteraciones del sueño, y perfiles que quieren optimizar su composición corporal desde una mirada más interna y funcional.
Con DRAKARIAN, Mirólab refuerza su misión: identificar, interpretar y actuar con criterio.
Las personas interesadas pueden solicitar más información directamente en Mirólab situado en la calle Entença 63, o consultar al equipo del CEM Joan Miró.
Cuando hablamos de grasa corporal, muchas veces pensamos en aquello que vemos frente al espejo: volumen en el abdomen, cartucheras, brazos o muslos. Sin embargo, existe un tipo de grasa que puede pasar más desapercibida y que tiene una relación mucho más directa con la salud: la grasa visceral.
La grasa visceral es la que se acumula en la zona profunda del abdomen, rodeando órganos como el hígado, el estómago o los intestinos. A diferencia de la grasa subcutánea, que se encuentra justo debajo de la piel y es más visible o palpable, la grasa visceral no siempre se aprecia desde fuera. Una persona puede no tener un gran exceso de peso aparente y, aun así, presentar acumulación de grasa visceral.
Per què és important parar-hi atenció?
Porque este tipo de grasa no actúa solo como una reserva energética. La grasa visceral tiene actividad metabólica: puede influir en procesos inflamatorios, alterar la sensibilidad a la insulina y relacionarse con un mayor riesgo de problemas cardiovasculares, hipertensión, resistencia a la insulina, hígado graso y alteraciones metabólicas. Por eso, cuando hablamos de mejorar la composición corporal, no se trata únicamente de estética, sino también de bienestar y prevención.
Una de las diferencias principales entre grasa visceral y grasa subcutánea está en su localización. La grasa subcutánea se sitúa bajo la piel. Es la que podemos pellizcar, la que suele generar flacidez o volumen localizado y la que más se trabaja en muchos tratamientos corporales estéticos. La grasa visceral, en cambio, está más profunda, alrededor de los órganos internos. No se puede “pellizcar” ni tratar de la misma manera, y su reducción depende sobre todo de hábitos de vida: alimentación equilibrada, ejercicio físico, descanso adecuado y control del estrés.
Eliminar o reducir la grasa visceral puede aportar beneficios muy significativos. Uno de los más importantes es la mejora de la salud metabólica. Al reducir este tipo de grasa, el cuerpo puede responder mejor a la insulina, gestionar mejor los niveles de glucosa y disminuir la inflamación interna. También puede ayudar a mejorar la presión arterial, favorecer una mejor función cardiovascular y aumentar la sensación general de energía.
Además, reducir grasa visceral suele reflejarse en una disminución del perímetro abdominal. Aunque el objetivo no debe ser únicamente “tener menos barriga”, esta medida puede ser una señal útil para valorar cambios en la composición corporal. Cuando una persona adopta hábitos saludables y pierde volumen abdominal, no solo cambia su imagen: también puede estar reduciendo una carga interna que afecta al funcionamiento del organismo.
La clave está en entender que no todas las grasas son iguales ni se comportan igual. La grasa subcutánea puede tener un impacto estético más visible, mientras que la visceral tiene una implicación más profunda en la salud. Ambas pueden preocupar, pero requieren enfoques diferentes. La visceral se aborda principalmente desde el cambio de hábitos; la subcutánea, además de mejorar con alimentación y ejercicio, puede trabajarse con tratamientos corporales específicos orientados a remodelar, reafirmar o mejorar el aspecto de la piel y los tejidos.
Cuidar el cuerpo no debería entenderse como una búsqueda rápida de resultados, sino como una decisión consciente de salud. Reducir la grasa visceral es una inversión en bienestar presente y futuro. Y cuando esa mejora interna se acompaña de un trabajo estético responsable, el resultado puede ser una transformación más completa: sentirse mejor, verse mejor y vivir con más equilibrio.
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