300 personas, 300 puntos de partida: Mirólab sigue creciendo

300 personas, 300 puntos de partida: Mirólab sigue creciendo

Mirólab, el laboratorio de salud funcional del CEM Joan Miró, ya ha acompañado a 300 personas a conocer mejor su cuerpo a través del Scan 360. Una cifra que nos hace mucha ilusión compartir, porque representa mucho más que un número: son 300 puntos de partida, 300 historias y 300 maneras diferentes de acercarse a la salud, el entrenamiento y el bienestar con más información y criterio. Desde su nacimiento, Mirólab se ha creado con una idea muy clara: poner la tecnología, los datos y el conocimiento profesional al servicio de las personas. No solo para entrenar más, sino para entrenar mejor. No solo para medir, sino para entender. No solo para obtener resultados, sino para saber qué necesita realmente cada cuerpo para evolucionar.

El Scan 360 es una valoración que permite obtener información relevante sobre diferentes áreas del funcionamiento corporal: composición corporal, metabolismo, condición física, sistema nervioso, fuerza, capacidad cardiovascular y otros indicadores vinculados a la salud funcional. Estos datos ayudan a dibujar una imagen más completa de cada persona y permiten orientar mejor el entrenamiento, los hábitos y el seguimiento profesional.

Porque cada cuerpo funciona de una manera diferente. Hay personas que quieren mejorar su composición corporal, otras que buscan tener más energía, dormir mejor, reducir la grasa visceral, ganar fuerza, recuperarse mejor o simplemente entender por qué, aunque entrenen, no evolucionan como esperaban. MiróLab nace precisamente para dar respuesta a estas preguntas con más información, más criterio y más acompañamiento.

Llegar a los 300 scans también nos confirma que cada vez hay más personas interesadas en cuidarse desde una mirada más global. La salud funcional no se basa solo en la ausencia de enfermedad, sino en entender cómo funciona el cuerpo en el día a día: cómo responde al entrenamiento, cómo se recupera, cómo gestiona la energía, cómo respira, cómo metaboliza y cómo se adapta a los cambios.

Mirólab es un proyecto que forma parte del CEM Joan Miró, pero también es un recurso pensado para la ciudadanía. Es un espacio que quiere acercar la valoración, la prevención y el seguimiento a las personas, con un lenguaje comprensible y una mirada cercana. Por eso decimos que Mirólab también es vuestro: porque nace para ayudar a nuestra comunidad a cuidarse mejor, con más autonomía y con más conocimiento.

Estos 300 scans son solo el inicio de un camino que sigue creciendo. Un camino que nos permite seguir aprendiendo, seguir acompañando y seguir construyendo una nueva manera de entender el fitness, la salud y el bienestar dentro del CEM Joan Miró.

Si todavía no conoces Mirólab, te invitamos a acercarte, preguntar y descubrir cómo los datos pueden ayudarte a entender mejor tu cuerpo y cuidar tu salud con más criterio.

Mirólab está situado en la calle Entença 63, a pocos metros del CEM Joan Miró.

Grasa visceral: el enemigo silencioso que no siempre se ve

Grasa visceral: el enemigo silencioso que no siempre se ve

Cuando hablamos de grasa corporal, muchas veces pensamos en aquello que vemos frente al espejo: volumen en el abdomen, cartucheras, brazos o muslos. Sin embargo, existe un tipo de grasa que puede pasar más desapercibida y que tiene una relación mucho más directa con la salud: la grasa visceral.

La grasa visceral es la que se acumula en la zona profunda del abdomen, rodeando órganos como el hígado, el estómago o los intestinos. A diferencia de la grasa subcutánea, que se encuentra justo debajo de la piel y es más visible o palpable, la grasa visceral no siempre se aprecia desde fuera. Una persona puede no tener un gran exceso de peso aparente y, aun así, presentar acumulación de grasa visceral.

Per què és important parar-hi atenció?

Porque este tipo de grasa no actúa solo como una reserva energética. La grasa visceral tiene actividad metabólica: puede influir en procesos inflamatorios, alterar la sensibilidad a la insulina y relacionarse con un mayor riesgo de problemas cardiovasculares, hipertensión, resistencia a la insulina, hígado graso y alteraciones metabólicas. Por eso, cuando hablamos de mejorar la composición corporal, no se trata únicamente de estética, sino también de bienestar y prevención.

Una de las diferencias principales entre grasa visceral y grasa subcutánea está en su localización. La grasa subcutánea se sitúa bajo la piel. Es la que podemos pellizcar, la que suele generar flacidez o volumen localizado y la que más se trabaja en muchos tratamientos corporales estéticos. La grasa visceral, en cambio, está más profunda, alrededor de los órganos internos. No se puede “pellizcar” ni tratar de la misma manera, y su reducción depende sobre todo de hábitos de vida: alimentación equilibrada, ejercicio físico, descanso adecuado y control del estrés.

Eliminar o reducir la grasa visceral puede aportar beneficios muy significativos. Uno de los más importantes es la mejora de la salud metabólica. Al reducir este tipo de grasa, el cuerpo puede responder mejor a la insulina, gestionar mejor los niveles de glucosa y disminuir la inflamación interna. También puede ayudar a mejorar la presión arterial, favorecer una mejor función cardiovascular y aumentar la sensación general de energía.

Además, reducir grasa visceral suele reflejarse en una disminución del perímetro abdominal. Aunque el objetivo no debe ser únicamente “tener menos barriga”, esta medida puede ser una señal útil para valorar cambios en la composición corporal. Cuando una persona adopta hábitos saludables y pierde volumen abdominal, no solo cambia su imagen: también puede estar reduciendo una carga interna que afecta al funcionamiento del organismo.

La clave está en entender que no todas las grasas son iguales ni se comportan igual. La grasa subcutánea puede tener un impacto estético más visible, mientras que la visceral tiene una implicación más profunda en la salud. Ambas pueden preocupar, pero requieren enfoques diferentes. La visceral se aborda principalmente desde el cambio de hábitos; la subcutánea, además de mejorar con alimentación y ejercicio, puede trabajarse con tratamientos corporales específicos orientados a remodelar, reafirmar o mejorar el aspecto de la piel y los tejidos.

Cuidar el cuerpo no debería entenderse como una búsqueda rápida de resultados, sino como una decisión consciente de salud. Reducir la grasa visceral es una inversión en bienestar presente y futuro. Y cuando esa mejora interna se acompaña de un trabajo estético responsable, el resultado puede ser una transformación más completa: sentirse mejor, verse mejor y vivir con más equilibrio.